ManéMané

La moda de culto

1 Abril 2026 Por Roberto C. Rascón
ManéMané, Miguel Becer
El diseñador Miguel Becer lleva más de una década al frente de su marca: ManéMané. © Cedida por ManéMané

A lo largo de su carrera, Miguel Becer —que iba para pianista— ha sabido tocar las teclas de la moda hasta convertirse en uno de los diseñadores más reverenciados. Con su marca, ManéMané, presentó en la última MBFWMadrid una colección inspirada en la vanguardista fotografía de Yves Klein y Francesca Woodman, la narrativa existencial de Milan Kundera y la melancolía cinematográfica de Wong Kar-wai. Todo ello sin renunciar a su seña de identidad: la raíz española.

Miguel Becer (Navalmoral de la Mata, Cáceres, 1988) es la mente creativa detrás de la aplaudida marca ManéMané y defiende que, en el mundo de la moda, cada uno debe encontrar su ritmo. “Cuando empecé parecía que había que seguir ciertos pasos para tener éxito: ganar el premio Who's on Next de Vogue, desfilar en Cibeles, montar tu empresa... Algunos tuvimos la suerte de pasar por ahí, pero luego tomamos un camino propio, el que nuestra intuición nos marcaba. Yo sigo buscando el mío, uno que me permita sentirme bien”, defiende. El diseñador, que nos atendió a escasos días de presentar su nueva colección en la MBFWMadrid —la pasarela patrocinada por Iberia—, comparte su método ante tan importante cita: “Las decisiones las tomo yo, pero trabajamos de manera muy horizontal. Todos los que están conmigo en el estudio pueden participar y dar su opinión. Hablamos muchísimo. Ahora estamos escuchando mucho a la modelo que viene a probarse los prototipos”. El pasado 2025, ManéMané cumplió una década de vida y Miguel no reniega de la etiqueta de diseñador de culto. “Con esta cosa de ser un poco punki, algo que sí me considero —en el sentido de que sigo mis propias reglas dentro de la moda—, es verdad que siempre me han etiquetado como diseñador de culto, ligado a la moda en los márgenes”. Aún así, Miguel no renuncia a llegar al mayor número de público posible porque reivindica que la moda puede contribuir a construir un mundo mejor.

La moda y la música, concretamente el piano, han sido las grandes pasiones de tu vida. ¿Qué te hizo decantarte por el diseño?
La moda, aunque no lo parezca, es un entorno más sencillo que el de la música. Siempre me he movido por la intuición y, sobre todo, por la curiosidad. Cuando terminé el Grado Medio de Música en Cáceres, me vine a Madrid —no para huir del pueblo, sino para encontrar algo nuevo— y comencé ADE. En ese momento tuve la suerte de conocer a gente relacionada con la moda y despertaron en mí esa pasión. Algo había ya porque siempre tuve interés por los vestidos, recuerdo hojear las revistas de moda de mi madre o comprarme alguna Vogue siendo adolescente.

El año pasado celebraste el 10º aniversario de ManéMané. Con la perspectiva del tiempo, ¿en qué se ha convertido para ti?
Mi relación con la marca ha pasado por distintas etapas. Desde obsesionarme y ocuparme casi el 100% de mi día a día hasta generarme cierto recelo. Ahora estoy en una etapa amable conmigo mismo, en la que hago un ejercicio de moda a nivel artístico y empresarial que puedo abarcar, que no me ahoga, que manejo con flexibilidad. Además, también soy profesor, así que divido mi tiempo al 50%. Estoy muy bien así.

“La identidad es algo vivo y viaja de un sitio a otro, pero intento basarme en dos miradas: una al folclore y otra al futuro. Me gusta entender la moda como algo que está por venir”

Has vestido a artistas como Rosalía, Dua Lipa, Beyoncé, Jorja Smith, Lady Gaga... ¿Te genera una satisfacción especial haber volado tan lejos con tus diseños?
La marca se relaciona de forma muy natural con el mundo de los escenarios y, gracias a las redes sociales, las estilistas de las artistas nos piden prendas personalizadas. Con algunas ha sido una sorpresa, como en el caso de Beyoncé. Un día me desperté, abrí Instagram y la vi con un bolso nuestro que se había comprado en una tienda de Los Ángeles. También te digo que me hace la misma ilusión ver a cualquier chica por la calle con algo nuestro. El otro día paré a una y le dije: “¡Qué camiseta tan chula!” [risas].

ManéMané ha construido una identidad muy poderosa. ¿Cómo definirías su ADN?
La identidad es algo vivo y viaja de un sitio a otro, pero intento basarme en dos miradas: una al folclore, que es lo que he mamado desde mi niñez —pero alejándola de la nostalgia, que no me gusta—, y otra al futuro. Me gusta entender la moda como algo que está por venir. Siempre estoy intentando relacionarme de manera sana con la creatividad.

Y en la construcción de esa identidad, ¿qué papel han jugado tus raíces?
Uno muy importante. De niño jugaba mucho con la ropa: en mi casa, en la de mi abuela, en la de mis tías… En verano obligaba a mis primos a disfrazarnos y salir a la calle. El germen de la moda estaba ahí… Una vez estaba mi madre con unas amigas hablando del vestido de boda de una princesa y yo, siendo un mico, me puse ante ellas para decirles que se estaban equivocando, que el diseñador era tal y el vestido era así y asá. Lo había visto en una revista y, por lo que fuera, lo había retenido.

¿Dirías que la inspiración aguarda más cerca de lo que creemos?
Para mí es fundamental conocerse a uno mismo y a su entorno para, a partir de ahí, hacer moda y contársela al mundo de la mejor manera. No soy de buscar inspiración en cosas ajenas a mí, me inspiro en lo que tengo aquí, a mi lado. Quiero manejar las herramientas que tengo cerca y luego lanzar mi mensaje lo más lejos posible… Y que lo interprete Beyoncé como pueda o quiera, no voy a ir yo a Texas a coger la identidad de Beyoncé para hacerla mía.

“El talento se advierte en cuanto te relacionas con un alumno y ves, más que sus habilidades, las ganas que tiene de que esas habilidades progresen”

Has definido tu nueva colección —presentada en MBFWMadrid el pasado 19 de marzo— como “un profundo estudio sobre la materia, la gravedad y la vulnerabilidad humana”. ¿Cómo se concreta?
El tema de la colección tiene que ver con la levedad, con quitarnos trascendencia en nuestro día a día. Un concepto que hemos resuelto restándole peso a las prendas. Por ejemplo: tras confeccionar una camisa la intervenimos, le quitamos un trozo de la espalda y con él hacemos un adorno. Todas las prendas son relativamente sencillas, pero esconden esos trucos para quitarles peso y dureza, para hacerlas más ligeras y livianas.

Eres un diseñador independiente con una estructura pequeña. ¿Implica más esfuerzo pero también más libertad?
Implica más esfuerzo, imagino que también más libertad, pero renunciaría a cierta libertad a cambio de menos esfuerzo [risas]. Somos un equipo pequeño, con tres personas fijas y otras tres que entraron para ayudarnos con el desfile en la MBFWMadrid. Cuando me preguntan qué voy a hacer a la oficina, respondo: “Todo”. Este año decidimos vender la colección justo después de enseñarla, así que montamos un showroom en un hotel de Madrid para recibir a las clientas. Todo eso también lo organizamos nosotros y es muchísimo esfuerzo.

Como uno de los referentes de la nueva moda española, ¿crees que se está produciendo un relevo generacional?
Sí, aunque yo ya no me considero de los nuevos. Llevo once años escuchando que formo parte de la nueva generación y me encanta porque me hace sentir joven [risas]. Me siento muy arropado por mis compañeros de generación, de hecho, hemos creado una agrupación que se llama GENSPAIN con el objetivo de construir comunidad. Es maravilloso que alguien que te entiende al 100% te escuche. Nos llamamos mucho para darnos cariño, pero también para quejarnos, liberarnos, despotricar…

También ejerces como profesor de moda. ¿Cómo detectas el talento entre tus alumnos?
Se ve a la legua. El talento se advierte en cuanto te relacionas con un alumno y ves, más que sus habilidades, las ganas que tiene de que esas habilidades progresen. Disfruto mucho dando clase. Es verdad eso de que se aprende de los alumnos. Un alumno con talento es, por encima de todo, uno que quiere aprender. También es clave crear redes de apoyo y estar conectado con la comunidad de la moda del momento. El talento no sirve para nada si eres un outsider encerrado en una habitación sin ventanas.

Defiendes que la moda puede contribuir a crear una realidad mejor, ¿en qué sentido?
El mundo de la moda ha sido visto como extraño, superficial, snob… Suena fatal, ¿no? [risas]. En los 2000, si había una noticia sobre moda en los telediarios, trataba sobre problemas: el peso de las modelos, el uso de pieles… El sector comprendió que había que ponerse las pilas y no ser ajenos a la realidad del mundo en que vivimos. La moda no puede rechazar, tiene que abrazar y ser una herramienta para mejorar la sociedad.