Diana Navarro
Por todo lo alto

En un escenario único, el Teatro Real, y acompañada por una orquesta sinfónica, un cuadro flamenco y decenas de invitados, Diana Navarro celebra el 20º aniversario de su primer disco: ‘No te olvides de mí’. Una noche, la del 6 de abril, en la que la “neocopla flamenca sinfoelectrónica”, como ella misma bautizó su inconfundible estilo, hará vibrar a su legión de fieles. Un sueño cumplido para la artista.
La irrupción de Diana Navarro (Málaga, 1978) en la escena musical española fue fulgurante. Con su primer disco, No te olvides de mí (2005), recibió el respaldo del público, con más de 200.000 copias vendidas, y de la crítica, con una nominación en los Latin Grammy a mejor artista revelación, además de ganar el Ondas en esa misma categoría. Detrás de ese éxito, recuerda Diana, hubo mucho trabajo en la sombra: “Fueron 10 años de pico y pala, de llamar a todas las puertas, de actuar en peñas, asociaciones, galas benéficas… Durante esa etapa comprendí que el éxito no venía de la noche a la mañana y que si llegaba era una afortunada. Y así lo viví cuando llegó”. Por eso, su visión del talento va intrínsecamente unida al trabajo: “Creo que el talento es un don divino que hay que trabajar de manera terrenal, a diario y con una disciplina y un respeto absolutos”. El concierto con el que Diana va a celebrar el 20º aniversario de su primer disco lleva por título Ya no estoy sola y, en el Teatro Real, estará acompañada por todas aquellas personas —su familia, sus amigos y sus fans— que la ayudaron a sobrellevar los momentos más duros de su carrera: “Cuando no estás preparada emocionalmente, esta industria, que es voraz, lo utiliza a su favor. Tuve la desgracia de toparme con personas malintencionadas, pero también la fortuna porque, gracias a eso, aprendí mucho y soy la persona que soy hoy”.
Vas a repasar tus grandes éxitos en el mejor escenario posible. ¿Qué significa para ti actuar en el Teatro Real?
Un sueño. La primera vez que actué allí fue en 2013 con un espectáculo de copla, Azabache, que homenajeaba al realizado en la Expo 92’ de Sevilla. Cuando pisé ese escenario, pensé: "Algún día quiero venir aquí sola". Ahora que soy una artista independiente, una coplera indie [risas], me he animado a invertir mis ahorros en cumplir ese sueño. Voy con una orquesta sinfónica y con un cuadro flamenco para cantar copla, saeta, flamenco, zarzuela, electrónica... Además, desde que empecé como actriz, me gusta dar una narrativa a los conciertos.
Pese a llevar tantos años sobre los escenarios, ¿cómo vives los momentos previos a una actuación tan importante como esta? ¿Los nervios siguen ahí?
Los nervios siempre están ahí. Además, esta semana [la entrevista se realiza el 28 de marzo] hemos tenido los ensayos y, cuando veo cómo toma forma el espectáculo y que la fecha se acerca, no puedo evitar emocionarme. Estoy agotada porque los ensayos siempre cansan mucho, pero creo que va a ser un momento único. Estamos a punto de hacer sold out, lleno absoluto, y estoy encantada.
“El talento es un don divino que hay que trabajar de manera terrenal, a diario y con una disciplina y un respeto absolutos”
El concierto lleva por título Ya no estoy sola. Echando la vista atrás, ¿quiénes han sido tus grandes compañeros de viaje? ¿De quiénes te vas a acordar?
De mi padre, porque tuve la mala suerte de perderlo hace dos años. El resto de mi familia estará al completo: ellos siempre creyeron en mí, incluso cuando esto de la música no era más que el sueño de una adolescente. Tuve la suerte de hacerlo realidad y ellos están muy orgullosos de mí (y yo de ellos). También me acordaré de mis amigos, que son mi familia elegida, y de la gente que me ha acompañado desde el principio. Siempre bromeo con esto y digo que a mis seguidores los tengo censados, que los conozco a casi todos. Me emociona ver cómo llevan apoyándome 20 años, comprando mis entradas e invirtiendo en cultura. Es una alegría porque, si no fuera por ellos, no podría vivir de lo que me gusta.
Cuéntame cuál fue la banda sonora de tu infancia y si fue la que despertó en ti la pasión por el flamenco, la copla y la zarzuela.
Mi primer recuerdo sonoro viene acompañado del olor a pan recién hecho llegando a Jaén. Digo llegando a Jaén, siendo yo de Málaga, porque era la primera parada que hacíamos camino de Albacete cuando íbamos a ver a la familia de mi madre. Como soy la menor de cinco hermanos, iba tumbada sobre ellos en la parte trasera del Renault 12 y me despertaba oliendo el pan y escuchando La leyenda del tiempo de Camarón. Con esa banda sonora me desperezaba yo con cinco añitos. También escuchábamos a los Chichos, a Farina, a Molina, a Valderrama…

Diana Navarro estará acompañada por una orquesta sinfónica y un cuadro flamenco en el Teatro Real. © Salva Muste
¿Y en quién te fijabas cuando soñabas con convertirte en una gran artista? ¿Quiénes fueron tus referentes?
Uno de mis primeros referentes fue Alaska, porque La bola de cristal me marcó mucho. Imagínate la Málaga del 84 y a mí disfrazada de Alaska. Mi madre me tenía que vestir como ella, con esos vestidos, esas medias, esos tacones… Después, cuando descubrí la copla con 14 años, mujeres como Rocío Jurado, Marifé de Triana o Concha Piquer se convirtieron en mis referentes.
Eres la creadora de la neocopla flamenca sinfoelectrónica, ¿le queda algo por explorar a Diana Navarro?
Tengo que seguir aprendiendo hasta que me muera y tengo que probar el cuplé, que no lo he tocado todavía. También tengo que seguir buceando en nuestro folclore, en nuestros cantes tradicionales. Los fandangos, las jotas, los verdiales… eran la manera de comunicarse de los pueblos y a mí eso me gusta porque lanza un mensaje de hermanamiento muy necesario. Hay trabajo por hacer para que la música tradicional española se conozca más y para que la gente joven vea cuál era la herramienta de liberación de sus mayores; en una época en la que no se podía hablar, la gente cantaba.
“La música es un bálsamo que el alma necesita para sentirse bien y ‘Resiliencia’ fue un disco que me sanó a mí, pero también a muchas personas que lo escucharon”
¿Qué mensaje lanzarías a aquellos que ven la copla como un género de otra época? ¿Cómo les invitarías a acercarse a ella?
¡Qué vengan a verme! Autorreferencial total [risas]. Y que después decidan si les gusta o no, porque la copla es parecida a la ópera en ese sentido: conectas o no. También influye cómo se interprete y yo intento hacer una copla muy a mi estilo al tiempo que cuento su historia. Mucha gente asocia la copla al franquismo y no tiene nada que ver. Seguro que han escuchado a algún familiar cantar alguna copla de Rafael de León, uno de los mejores poetas que hemos tenido en España. Merece la pena saber de dónde venimos para saber adónde vamos y, de paso, honrar a nuestros mayores. La copla es poesía atemporal.
Confesaste que Resiliencia fue un disco terapéutico. ¿La música tiene la capacidad de sanar, de curar heridas?
Sí, a mí cantar me sanó. Mi ser artístico me salvó porque mi ser como persona no estaba construido; carecía de autoestima, pero me ponía el disfraz de artista y tiraba hacia delante. Mi proceso personal culminó con Resiliencia (2016), pero comenzó con el disco Flamenco (2011) porque, desde ese momento, sentí que era perfecta por el mero hecho de ser. Todos somos perfectos tal y como somos, aunque a veces no lo sintamos así. El éxito me llegó de repente y en aquella época no se hablaba tanto de estas cosas —ahora, gracias a dios, sí— y para una artista que estaba más cerca de ser una niña que una mujer fue difícil. La música es un bálsamo que el alma necesita para sentirse bien y Resiliencia fue un disco que me sanó a mí, pero también a muchas personas que lo escucharon.