Chus Mateo
La selección de todos
La era Chus Mateo, que hace poco más de seis meses tomó el testigo de Sergio Scariolo al frente de la Selección Española de Baloncesto, no ha podido arrancar mejor. El saldo es de cuatro victorias, pero las buenas sensaciones van más allá del marcador. Consciente del reto y de la exigencia, asegura necesitar a todos los jugadores. El mensaje es claro: cualquiera, en cualquier momento, puede formar parte de ‘La Familia’.
La tarea que tiene por delante Chus Mateo (Madrid, 1969) no es sencilla: devolver a España a la lucha por las medallas tras tres campeonatos apeada del podio. Acostumbrado a los retos, el nuevo seleccionador —que cumplió recientemente seis meses en el cargo— no se arruga. Eso sí, pide paciencia. “Una casa no comienza a construirse por el tejado… Tenemos que entender el momento en el que estamos y que el proyecto necesitará tiempo para asentarse”, advierte. Aun así, es imposible no contagiarse de la ilusión que transmite —y que parece haber trasladado a jugadores, cuerpo técnico, federación y afición— tras un arranque inmaculado: cuatro victorias. Para alcanzar el objetivo cuenta con la totalidad de los jugadores españoles: “Entre todos, los nuevos que están llamando a la puerta con fuerza y los que son un poquito más veteranos y tienen más experiencia, vamos a construir algo bonito”. Si para ello tiene que cruzar el charco y visitar a los jóvenes que están despuntando en la NCAA —la liga universitaria estadounidense—, cuenta con el pleno apoyo de la Federación Española de Baloncesto (FEB). También, cómo no, con el de Iberia, que lleva años patrocinando a La Familia.
Tras seis meses en el puesto de seleccionador, ¿ya te sientes plenamente integrado en La Familia?
Sí, me siento plenamente integrado porque la FEB me está dando todas las facilidades del mundo. Me está facilitando tomar decisiones y viajar para ver a los jugadores y charlar con ellos. En definitiva, moverme para que el trabajo sea lo más cercano posible al jugador. En la FEB, encabezada por su presidenta, Elisa Aguilar, y su director general, Óscar Graefenhain, cada uno tiene su sello y su personalidad, pero hay un consenso grande y un diálogo constante. Además, en estos seis meses hemos tenido la fortuna de hacer unas buenas ventanas, lo que da credibilidad al proyecto.
“Una casa no comienza a construirse por el tejado… Tenemos que entender el momento en el que estamos y que el proyecto necesitará tiempo para asentarse”
Dicen que nunca te habían visto sonreír tanto en un banquillo…
La cara es el espejo del alma… Estoy en un buen momento, tanto a nivel personal como profesional. Si se me ve sonreír más es porque me siento feliz, estoy disfrutando mucho del baloncesto, de los entrenamientos, de los partidos. También estoy disfrutando mucho con el grupo, con los chicos que han venido a las ventanas. Además, he podido construir el cuerpo técnico como yo quería y me siento muy cómodo. Y siempre es mejor ganar que perder, estas cuatro victorias nos ayudan a sonreír un poco más.
Hasta el momento, ¿qué aspectos del equipo te han dejado más satisfecho?
Las victorias dan seguridad, pero lo que más me reconforta es ver al grupo tan unido, independientemente de los jugadores que han venido en cada ventana. También su compromiso, su manera de entender que, en este momento complejo, son ellos los que tienen que llevar a España al Mundial. Estoy enamorado de estos chicos. También me ha encantado el juego, uno que a mí me gusta: fresco, alegre, rápido, donde todos comparten el balón, donde nadie es más importante y donde todos se sienten útiles. La cohesión del grupo es magnífica y ojalá podamos mantener este espíritu.
Chus Mateo celebra una de las victorias con las que ha arrancado su periplo en la selección. © FEB
Has afirmado que quieres tener una selección de 70 jugadores, aunque luego solo vayan 12. ¿Cómo pretendes mantener a todos enchufados?
Quiero que todo el mundo se sienta partícipe, que cualquiera piense que puede ser llamado por el seleccionador para representar al baloncesto español. Me gusta la idea de que la selección la formen todos los jugadores españoles. El nivel de nuestro baloncesto es muy bueno y lo hemos demostrado incluso cuando se reduce el abanico de posibilidades a la hora de convocar. Cuando los jugadores NBA, NCAA y Euroliga estén disponibles el abanico se ampliará, pero cualquiera puede formar parte de la selección.
Te has encontrado con un equipo en construcción al que vas a poder moldear. ¿Cuáles te gustaría que fueran sus señas de identidad?
Un equipo en construcción necesita a todos los jugadores, a los que han puesto ahora las primeras piezas, pero también a los que las pusieron anteriormente porque tienen la experiencia de saber qué es lo que se necesita para ganar. A mí me gusta hacer un baloncesto colaborativo, donde todo el mundo sienta que puede aportar al equipo, donde todos tengan un papel importante para, en un momento dado, ser capaces de ganar un partido. Así debe construirse un equipo. Buscamos hacer un baloncesto rápido, compartiendo el balón y reboteando con solidez para tener más posesiones que el contrario. En definitiva, un baloncesto que nos divierta a todos, donde el esfuerzo sea innegociable y demos todo sobre la cancha.
Sin obviar la elevada exigencia, ¿crees que la España de Chus Mateo debe cocinarse a fuego lento?
Creo que debemos ser conscientes del momento, sin duda. Es un momento de cambio, en el que toca rehacer un poco la estructura. Vamos a tener jugadores con experiencia que ya han formado parte de la selección y otros que van a venir por primera vez. Muchos van a necesitar equivocarse, es decir, vivir las experiencias que ya han vivido otros. Vamos a cocinar esto a fuego lento entre todos, pero teniendo muy en cuenta los objetivos y la inmediatez que impone la competición.
“Quiero que todo el mundo se sienta partícipe, que cualquier jugador piense que puede ser llamado por el seleccionador para representar al baloncesto español”
Como seleccionador, ¿dirías que a España le viene bien que este año no haya ninguna gran competición y contar con margen para trabajar?
Te diría que sí porque necesitamos un poquito más de tiempo para que los jóvenes vivan experiencias y maduren. A todos nos gusta competir, pero ya lo estamos haciendo en las ventanas. Cada ventana dura alrededor de una semana —con dos partidos entre medias— y hay poco tiempo para entrenar, pero ya hemos podido inculcar ciertas ideas e imprimir algo del sello de lo que queremos que sea el juego del equipo. Se trata de aprovechar al máximo el tiempo.
Chus Mateo da instrucciones a sus jugadores durante el tiempo muerto de un partido. © FEB
En tus inicios trabajaste con las categorías inferiores y siempre has tenido buen ojo con los jóvenes, ¿cómo detectas el talento?
Creo que detectar el talento no es nada fácil. Muchas veces hay que dejar que los procesos culminen para saber hasta dónde es capaz de llegar un jugador. Muchos apuntan maneras al principio, pero luego no alcanzan el éxito pretendido. Otros maduran más lentamente, alcanzando más tarde la plenitud. Hay que tener paciencia. Somos muy dados a decir si un jugador va a llegar o no y conviene evitar esas aseveraciones, no vaya a ser que tengas que tragarte tus palabras. Hay una serie de cualidades que ayudan a detectar el talento. Más allá de una buena técnica individual, se trata de saber usar esos recursos en los momentos adecuados. También tiene que ver con el espíritu competitivo para no arrugarse en los momentos importantes. Y, por supuesto, con una correcta y rápida toma de decisiones en un baloncesto cada vez más veloz y competitivo.
Varios jugadores jóvenes españoles han desembarcado en la NCAA. ¿Es un buen lugar para que el talento madure?
Hay jugadores formándose en Estados Unidos y a mí me parece perfecto. Si deciden ir allí es porque les permite compatibilizar el deporte que aman con una formación académica. Ahora también hay un incentivo económico, pero al final lo que ellos buscan es la mejor manera de desarrollar su baloncesto. Somos nosotros los que debemos adaptarnos a este nuevo escenario. En la FEB estamos incorporando un modo de actuar que nos permita detectar el talento más allá de nuestras fronteras. Cruzamos el charco para hablar con los jugadores, con sus entrenadores, con sus preparadores y saber cómo son en las distancias cortas. No los vamos a abandonar por el hecho de que vayan a formarse a otro sitio.
La mayoría de los entrenadores son exjugadores. En tu caso, ¿cómo irrumpe el baloncesto en tu vida?
De pequeño jugaba al ajedrez y me gustaba mucho su estrategia. Preparar un plan o alterarlo durante la partida. Creo que el ajedrez y el baloncesto comparten eso, tus jugadores son piezas y las utilizas de la mejor manera posible para derrotar a tu rival. Después dejé el ajedrez de lado y comencé a jugar al baloncesto, pero me di cuenta de que como jugador tenía pocas opciones de llegar lejos. Además, tenía como referentes a ciertos entrenadores que despertaron en mí esa inquietud. Empecé a entrenar con 16 años y mi pasión no ha cambiado, sigue intacta. Me dedico a lo que me gusta y me siento afortunado por poder vivir de ello.