Daniel Hendler

La comedia de la vida

8 Mayo 2026 Por Roberto C. Rascón
Daniel Hendler
Daniel Hendler durante la presentación de ‘Un cabo suelto’ en el Festival de Venecia. © Luca Faz, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

El cine sonríe en los Premios Platino, que desde 2023 entregan un galardón a la mejor comedia iberoamericana. ‘Un cabo suelto’ es una de las nominadas de este año y charlamos con su artífice: el uruguayo Daniel Hendler. El director y guionista —también aclamadísimo actor— reivindica que el humor siempre está presente en nuestra vida, en las situaciones más cotidianas, y que solo hay que dejar que se asome.

La comedia suele ser un género minusvalorado en los galardones cinematográficos. No ocurre así en los Platino —patrocinados por Iberia—, donde cuentan con su propia categoría. Este año, los nominados a mejor comedia iberoamericana son la colombiana Un poeta, la española La cena, la argentina Homo Argentum —protagonizada por Guillermo Francella, reconocido con el Platino de Honor en esta edición— y la uruguaya Un cabo suelto. A escasos días de la ceremonia, charlamos con el director de esta última: Daniel Hendler (Montevideo, Uruguay, 1976). El actor, que se situó en el radar de los cinéfilos en 2004 tras ganar el Oso de Plata a mejor actor en el Festival de Berlín por El abrazo partido, siempre ha compatibilizado su carrera interpretativa con la dirección y la escritura. Un cabo suelto es, de hecho, su tercer largometraje tras Norberto apenas tarde (2010) y El candidato (2016). Si algo tienen en común estas tres obras es el humor, uno puramente Hendler: lúcido, ingenioso, mordaz, transparente, austero, melancólico, a veces absurdo, a veces poético. Este viejo conocido de los Platino —ya estuvo nominado en 2024 a mejor actor de reparto por la serie División Palermo— celebra que estos premios permitan un acercamiento entre las cinematografías iberoamericanas: “Me parece que ponen de manifiesto la necesidad de entrelazarnos”.

Un cabo suelto compite por el Platino con Un poeta, La cena y Homo Argentum. Casi nada. ¿Cómo ves la categoría?
Celebro la diversidad. No sé cuál es la favorita porque son muy difíciles de comparar, son tipos de comedia bien distintas. Cada una propone una mirada particular sobre ese género. Yo tiendo a creer que casi todo es comedia y, en ese sentido, me parece que hay un buen abanico de abordajes. En mi caso, me gusta especialmente que la película sea valorada como tal.

En lo personal, ¿qué significa para ti esta nominación?
Yo tengo tendencia a no generarme expectativas innecesarias. Primero, porque siempre hay más posibilidades de perder que de ganar. El hecho de que sea un premio que entrega el sector, aquellos que hacen cine, y que provenga de un jurado tan vasto le da un valor en sí mismo. Suelo ser escéptico y pensar que un premio no es, necesariamente, sinónimo de merecimiento, pero cuando a uno le toca quiere creer que sí [risas].

Para una película uruguaya no es fácil plantarse en los Platino. ¿Dar visibilidad al cine de tu país supone una satisfacción extra?
La película invita a meterse en el Uruguay por la frontera, por el litoral, por una zona que no está tan explorada en nuestro cine. Hay micromundos que merece la pena recorrer y creo que el cine uruguayo, aunque el sector sea pequeño, ha sabido hallarlos y establecer sus propias discusiones. Que cualquier película uruguaya tenga la posibilidad de difundirse ya me parece algo valorable. Un cabo suelto ha tenido un recorrido muy lindo, muy satisfactorio, y los Platino nos permite codearnos con películas, por lo general, más grandes.

“Yo entiendo que el humor está en todo, simplemente tienes que abrir una ventana y dejar que asome solo, sin empujarlo”

Del humor de Daniel Hendler siempre se destaca su lucidez, su ingenio, su mordacidad… ¿Cómo lo definirías tú y qué papel juega en Un cabo suelto?
Sería bueno que esas palabras tan agradables figuren de tu boca y no de la mía [risas]. Me encanta cuando una mirada de afuera me ilumina sobre algo que para mí es un misterio. Creo que es un humor accidental, que proviene de un naturalismo selectivo. En una situación cotidiana se genera, accidentalmente, una situación absurda. La idea es que el humor perfore ese naturalismo, pero sin sacrificar la verdad, que es lo principal. Yo entiendo que el humor está en todo, simplemente tienes que abrir una ventana y dejar que asome solo, sin empujarlo. La ventaja es que, si el humor funciona, genial. Y si no, nadie se da cuenta [risas].

¿La comedia es una gran aliada para abordar ciertos temas?
Un cabo suelto no plantea temas urgentes en términos de actualidad y su temática podría abordarse como tragedia o como comedia. Para mí, la comedia tiene que ver con las relaciones humanas y aparece en cualquier tratamiento que evite la solemnidad. Me encanta enmarcar esta película como comedia y que haya un premio específico en los Platino, dado que históricamente las comedias no han sido tan premiadas.

Como actor y director que eres, ¿qué te impulsa a complicarte la vida y ponerte detrás de las cámaras?
No estoy seguro de que sea más estresante dirigir que actuar: el trabajo de dirección involucra un proceso más largo y complejo, pero, a la hora de dirigir en un set, la película se amolda a las dificultades que uno encuentra y a las limitaciones que uno asume. En el caso del actor, es él el que tiene que amoldarse. Como actor uno tiene que estar con un nivel de concentración tal que, al momento de encenderse la cámara, esté todo alineado. El actor puede arruinarlo todo y el director, en cambio, cuando tiene algún momento de duda, se rasca la barbilla, se aleja unos metros y todos dicen: "Dejémosle pensar”. Eso el actor no se lo puede permitir. La dirección sí requiere una mayor justificación, incluso un mayor sentido de la responsabilidad. Cuando uno se propone dirigir, generalmente tiene que ver con algún enamoramiento o alguna necesidad, pero después uno tiene que concluir si vale la pena hacerlo porque es una empresa muy grande en la que vas a involucrar a mucha gente. En cualquier caso, a mí me parecen actividades complementarias y dudo que pueda preferir una u otra.

“Los Platino nos permiten ver lo que se está haciendo en países vecinos, poniendo de manifiesto la necesidad de mirarnos y discutirnos más”

¿Qué valor le das a un espacio como los Platino, donde el cine iberoamericano se conoce y se reconoce anualmente?
Sobre todo, me parece interesante que nos lleguen cinematografías de otras regiones, tan cercanas y tan lejanas al mismo tiempo. Llama la atención las pocas oportunidades que tenemos de ver cine de países latinoamericanos; muchas veces la única posibilidad está en los festivales, donde hay pocas funciones y, en ocasiones, es difícil conseguir entradas. El acceso a otras cinematografías es complejo y los Platino nos permiten ver qué se está haciendo en países vecinos, poniendo de manifiesto la necesidad de mirarnos y discutirnos más porque muchas veces percibimos nuestras realidades como estancas.

Has construido tu carrera entre Uruguay y Argentina, así que eres consciente de la importancia de esos vasos comunicantes entre cinematografías.
En el caso de Uruguay y Argentina, a veces uno pasa más dificultades que el otro. Y ahí suelen aparecer los apoyos mutuos. La cinematografía argentina vive un momento delicado: está quedando relegada al mercado y todos sabemos los problemas que eso conlleva en un sector que necesita de libertad y diversidad. El cine independiente nos ayuda a entendernos mejor y llega donde no lo hace el mercado. Uruguay está tratando de ser un buen compañero en este momento, aunque tampoco sea sencillo hacer cine aquí. Es un camino algo borrascoso, pero allá vamos. En el caso de Un cabo suelto, la coproducción argentina, aunque minoritaria, asumió bastante riesgo y fue esencial para la película.