Andrea Canepa

El cuerpo frente al arte

10 Marzo 2026 Por Roberto C. Rascón
Andrea Canepa
Andrea Canepa posa junto a una de las piezas creadas para su serie ‘Geometrie del Possibile’. © Giacomo Bianco

Cuando un cuerpo se sitúa ante una obra de arte, ¿qué ocurre? ¿Cómo se relaciona con ella? ¿Qué experimenta? Estas son algunas de las preguntas que Andrea Canepa se hace cada vez que concibe sus instalaciones. Por ese motivo, en muchas ocasiones invita al espectador a participar, pasando del usual “por favor, no tocar” al “por favor, sí tocar”. La artista peruana está de moda y te contamos por qué.

“Mi obra reflexiona sobre el espacio y su relación con el cuerpo”, así se presenta la artista Andrea Canepa (Lima, Perú, 1980). Cada vez que concibe un site-specific —una obra diseñada para un espacio determinado—, la limeña le da tanta importancia al lugar que albergará la obra como a las personas que lo recorrerán. ¿Qué busca? Invitarnos a habitar el mundo de otra manera, a estar más presentes en el aquí y el ahora. Su práctica, que establece un diálogo entre arte, sociología, historia y antropología, también entronca con sus raíces, con el pasado de su país y su continente. Por ello, Andrea se siente como en casa en ARCO —la feria de arte contemporáneo que cuenta con el patrocinio de Iberia—, donde se fomenta el diálogo entre culturas, muy especialmente con Latinoamérica. “El arte es una forma de comunicación distinta, una que puede hacerte entender cosas de culturas lejanas a la tuya a través de un lenguaje no verbal”, reivindica. Más allá de ARCO, Andrea está de moda: sus trabajos pueden verse actualmente en el Instituto Valenciano de Arte Moderno-IVAM (Entre lo profundo y lo distante), en Casal Solleric (Capfico) y en Tabakalera (Situ-akzioak). Aunque si por alguna intervención está llamando la atención es por Fardo, con la que ha envuelto el Palacio de Cristal de El Retiro mientras duran sus trabajos de restauración.

Vayamos a las raíces. ¿Cómo surge tu vínculo con el arte?
La verdad es que siempre supe que quería ser artista. Y nunca me lo cuestioné. Desde pequeña era lo que quería hacer, así que cuando llegó el momento de estudiar elegí Bellas Artes. No es que mi familia lo fomentara, aunque sí recuerdo acudir a exposiciones que me impactaron siendo niña. Más que una revelación, fue un proceso natural. Creo que mi vena artística viene del lado de mi papá porque eran muy afines al diseño y la estética.

“Las residencias artísticas permiten una estancia prolongada, trascender la condición de turista y empezar a entender realmente cada lugar”

Terminaste tus estudios en España —en Valencia— y has realizado residencias en Reino Unido, Francia, Japón, Puerto Rico, Alemania, Países Bajos… ¿Te han enriquecido como artista esos viajes?
Una de las cosas más maravillosas de ser artista es hacer residencias en otros países. A mí me encanta viajar, pero, sobre todo, me gusta permanecer en los lugares. Las residencias artísticas permiten una estancia prolongada, trascender la condición de turista y empezar a entender realmente cada lugar. Como artista me dejo influenciar mucho por el espacio; el lugar donde estás influye en tu pensamiento y este es el que marca tu trabajo. Cada uno de esos viajes me ha enriquecido porque me he fijado mucho en elementos que luego he incorporado a mi obra.

¿Qué ha supuesto para ti intervenir en el Palacio de Cristal de El Retiro, uno de los iconos de Madrid?
Ha sido muy loco. He intervenido en un monumento de la ciudad —que es precioso y me encanta— y, por tanto, hay una cuestión emocional en la relación que la gente de Madrid tiene con él. Es algo que excede al mundo del arte. La exposición ha llegado a muchísimo público y nunca había experimentado tanta interacción.

Tus site specifics son la prueba de que el arte puede irrumpir en cualquier rincón y transformar lo cotidiano en extraordinario. ¿Como te enfrentas a ellos?
La arquitectura y los objetos son como una partitura para mí. Una que va a definir el tipo de movimientos e interacciones que van a producirse en el espacio. Cuando empezaron a llamarme para hacer intervenciones en espacios muy raros me preguntaba: ¿cómo me enfrento a esto? Con el tiempo comprendí que es lo mejor que pudo pasarme y cada vez me gusta más. Si ahora tuviera que hacer una exposición en un cubo blanco —impecable, perfecto—, me pondría nerviosa porque necesito esa arquitectura, esa base sobre la que comenzar a crear.

Durante el proceso creativo de tus instalaciones, ¿piensas mucho en el público? ¿Para ti es importante involucrarle?
Totalmente. Siempre estoy pensando en la relación de los cuerpos con mis piezas. Me interesa mucho la idea de las affordances [las posibilidades de acción que un objeto ofrece a un organismo], un término acuñado por el psicólogo James J. Gibson a finales de los 70. Antes de racionalizar el objeto que estamos viendo, percibimos cómo puede relacionarse nuestro cuerpo con él. Por ejemplo: un adulto ve una silla y sabe que puede sentarse en ella, pero un bebé no lo entiende así, la ve como un objeto en el que apoyarse para elevarse. Cuando hago estas instalaciones, que son participativas, pienso en qué movimientos pueden hacer los cuerpos y en cómo invitarles a salir de su cotidianidad, de su rutina. Cuando obligas a un cuerpo a enfrentarse a un objeto de formas diferentes, también estás apelando a su mente.

Los site-specifics se caracterizan por su carácter efímero. ¿Cómo llevas el hecho de crear obras con fecha de caducidad?
Fatal. Es una pena. Me interesa mucho la interacción entre el público y la obra, que sea practicable, que puedas tocarla, sentarte, apoyarte… La escala 1:1 entre una persona y un objeto implica unas dimensiones difíciles de almacenar. Siempre intento donarlas o reciclarlas, encontrarles un nuevo uso, pero a veces tenemos que destruirlas. Cuando creas a esas escalas terminas trabajando casi como un arquitecto. En consecuencia, me he vuelto una experta en hacer planos con explicaciones muy detalladas, con las instrucciones sobre cómo debe armarse cada una de mis piezas. Ese es el archivo que guardo de mi trabajo, lo demás muchas veces desaparece.

“Que alguien pueda mantener una práctica artística en el tiempo ya es un triunfo. Y para lograrlo el talento no es tan necesario, es más importante perseverar”

Últimamente has colaborado con el Reina Sofía, el IVAM, Tabakalera, CondeDuque, Casal Solleric… Aún a riesgo de sonar frívolo, ¿te sientes la artista de moda?
No, no. Se han juntado varias cosas y parece que estoy en todos lados, pero ha sido casualidad, algo puntual. Ahora igual me tiro años sin ningún encargo… no me va a llamar nadie porque van a estar hartos de mí [risas]. A veces se presentan oportunidades y no puedes decir que no porque lo nuestro no es estable. Así que dices que sí a todo y luego lo pasas fatal, te matas a trabajar, pero lo sacas adelante. Esa es un poco la vida del artista, la vida del autónomo también.

En el 2014 fuiste galardonada con el Premio ARCO Comunidad de Madrid para Jóvenes Artistas. ¿Qué significa ARCO para ti?
A mí ARCO siempre me ha dado mucha visibilidad. Incluso me ha permitido presentar un par de proyectos de artista. Aparte, tengo la suerte de trabajar con una galería —Rosa Santos— que siempre me ha llevado. Sin ARCO mi carrera no hubiera sido la misma. Estoy muy agradecida porque es una feria con mucha influencia, tanto a nivel español como latinoamericano. Se esfuerza mucho por internacionalizar a los artistas de habla hispana. En lo personal, me lo paso superbién en ARCO. Es muy divertido.

Nuestra relación con el mundo está cada vez más mediada. Como artista, ¿te preocupa?
A través de mi trabajo siempre intento volver a esa materialidad, a la experiencia del aquí y el ahora. Invito al público a estar presente, a reconectar con lo que se puede tocar. Me interesa ese mundo analógico, todo lo que no pueda convertirse en unos y ceros, todas esas cuestiones que se escapan a la experiencia digital y que uno puede percibir a través del arte.

Para terminar, cuéntame cómo es tu relación con el talento.
El talento, entendido como una habilidad innata, no existe. Y, si existe, yo no lo tengo. A mí no me sale natural nada [risas]. Lo que yo he conseguido ha sido a base de mucho esfuerzo y mucho insistir. Eso es lo que va a hacer que una carrera salga adelante y continúe… Que alguien pueda mantener una práctica artística en el tiempo ya es un triunfo. Y para lograrlo el talento no es tan necesario, es más importante perseverar.