Sarai Gascón y Antía Jácome

Objetivo: París - Ep. 4

03/07/2023 · Por Redacción TAB
Sarai Gascón y Antía Jácome, deportistas del Equipo Talento a bordo

No comparten deporte, una hace natación y la otra piragüismo, nacieron con siete años de diferencia y a más de mil kilómetros de distancia, pero Sarai Gascón y Antía Jácome tienen algo en común: su pasión por el agua. Ambas parecen necesitarla cerca, en una especie de perfecta simbiosis que las ha convertido en líderes de sus respectivas disciplinas. Pero no acaban ahí sus similitudes, ambas ambicionan medallas (sí, en plural) en los Juegos de París.

Con solo 15 años, Sarai Gascón (Tarrasa, 1992) se colgó su primera medalla en unos Juegos Paralímpicos. Tras Pekín, llegaron dos más en Londres, tres en Río de Janeiro y otras dos en Tokio. En total, ocho. Pero ninguna de oro. “Tengo la suerte de haber ganado ocho medallas en cuatro Juegos —rememora Sarai—, pero la suerte también se busca. Nunca me conformo y en los próximos voy a por más”. Cuando habla de París, un brillo dorado parece reflejarse en los ojos de la nadadora. “Mi gran objetivo es la medalla de oro”, sentencia. Antía Jácome (Pontevedra, 1999) debutó en Tokio con un diploma olímpico —quinta en C1 200—. En París, la piragüista aspira a todo y no lo esconde: “La mentalidad con la que fui a Tokio es muy diferente a la que tengo ahora y de cara a París pienso en conseguir una medalla”. La palista va por buen camino: el pasado 12 de mayo conquistó la medalla de bronce en C1 200 y la de oro en C2 200, junto a María Corvera, en la Copa del Mundo celebrada en Szeged (Hungría).

Desde bien jóvenes, tanto Antía como Sarai aprendieron a convivir con la presión. Una presión, en muchos casos, autoimpuesta. “Hubo unos años —reconoce Sarai— en que no disfrutaba del todo porque me exigía mucho. Me repetía: tengo que ganar, tengo que ganar, tengo que ganar. Iba a las competiciones y lo único que quería era tirarme a la piscina, que me fuera bien y marcharme”. Antía, pese a su juventud, parece haber encontrado la filosofía ideal para afrontar los retos deportivos que la aguardan: “Al final hay que disfrutar del camino, lo principal del deporte es lo que te va aportando día a día”. Aún así, ambas reconocen que cuando se acerca una competición los nervios afloran y tienden al aislamiento, algo que luchan por dejar atrás. “Los días previos a una competición me aíslo —confiesa Sarai—, no me apetece relacionarme con los demás porque me da la sensación de que, para que todo salga bien, tengo que estar concentrada solo en eso. Desde hace un par de años lo controlo mejor”. Y Antía recoge el testigo: “Me siento muy identificada contigo porque antes me aislaba mucho. La gente me molestaba porque pensaba que tenía que estar superconcentrada, pero en realidad no te haces bien estando sola”.

“La mentalidad con la que fui a Tokio es muy diferente a la que tengo ahora y de cara a París pienso en conseguir una medalla” — Antía Jácome

Sarai entrena a diario cerca de su casa, en concreto en el CAR de Sant Cugat (Barcelona), mientras que Antía, tras varios años viviendo en Sevilla, lo hace en Alcudia (Mallorca), en unas instalaciones que pretenden convertirse en un referente internacional del piragüismo. En ambos lugares se forjan grandes talentos del deporte español, pero ¿qué reflexiones les despierta la palabra talento? “En un Centro de Alto Rendimiento todos los compañeros tienen talento, pero este se multiplica cuando nos apoyamos los unos a los otros. Si el talento no se pone en común, deja de ser talentoso”, apunta Sarai. El talento crece cuando conecta y si a eso le añadimos trabajo, como señala Antía, tenenos la receta del éxito. “El talento hay que trabajarlo a diario. No naces con talento, si al final consigues ser una persona talentosa es por tu esfuerzo y dedicación”.

Amor por el agua y la enseñanza
La conversación entre Antía y Sarai les lleva a hablar de sus inicios en el piragüismo y la natación respectivamente. “Mi padre cruzaba todos los años la playa de La Lanzada nadando —recuerda Antía—. Un año decidimos acompañarlo con un kayak y a mí me encantó la experiencia. Durante el camino de vuelta a casa no paraba de decirles a mis padres que quería hacer piragüismo”. Una perseverancia que, a día de hoy, sigue siendo uno de los rasgos que caracterizan a la gallega. La familia también tuvo mucho que ver en la pasión que, desde bien pequeña, Sarai desarrolló por la natación: “Con solo tres años mis padres me apuntaron a un cursillo de natación. Me encantaba nadar, ya fuera en el mar o en la piscina, no salía del agua. Con nueve años un monitor me vio y se sorprendió de que nadara tan bien, así que me propuso entrar en un equipo”. En este punto toca recordar que Sarai nació sin brazo izquierdo, algo que nunca la frenó. “De pequeña había gente que me decía que no podría hacer ciertas cosas por tener una discapacidad, que no podría conducir, pintarme las uñas o atarme los cordones. Pero yo siempre he dicho: ¿cómo qué no? Voy a demostrar que sí”.

“De pequeña había gente que me decía que no podría hacer ciertas cosas por tener una discapacidad. Pero yo siempre he dicho: ¿cómo qué no?” — Sarai Gascón

El agua siempre ha estado presente en la vida de Antía y Sarai, y ambas parecen necesitarla cerca. “Me encanta ir a la playa a desconectar. Mis padres tienen una casita en un pueblecito de Tarragona y en cuanto tengo un rato libre voy para allá. Aunque sea invierno, me gusta quitarme los zapatos, sentir la arena y mojarme los pies”. Como si de dos mellizas separadas al nacer se tratara, la respuesta de Antía no difiere en exceso. “A mí también me encanta el mar y hace dos años me aficioné al surf. Me sirve para despejar la mente del piragüismo”. Pero las similitudes entre ellas no acaban ahí, ya que el futuro de ambas se encamina hacia el magisterio. “Tenemos la suerte de tener dos pasiones y de disfrutarlas por igual —celebra Sarai—. Siempre he dicho que las experiencias y los valores que aporta el deporte se pueden transmitir a los alumnos y eso es algo bonito. Estuve seis meses haciendo prácticas y disfruté muchísimo porque es cuando pones en práctica todo lo que has estudiado”. En ese instante, a Antía se le ilumina la cara: “Estoy deseando que llegue ese momento porque, al final, es la parte que me gusta de la carrera”. Pero mejor no adelantar acontecimientos porque, por ahora, Sarai y Antía impartirán su próxima lección en París.