Diego García Carrera
Madrid se va de marcha
La marcha española tiene en Diego García Carrera, antiguo integrante del Equipo Iberia Talento a bordo, a su mayor valedor. Una prueba de su compromiso es Madrid Marcha, el evento donde reúne a los mejores marchadores del mundo. El 31 de mayo la Gran Vía madrileña acogerá una competición deportiva que busca reivindicar la disciplina, acercarla al gran público y eliminar ciertos prejuicios.
Como marchador, Diego García Carrera (Madrid, 1996) tiene un objetivo que trasciende su propia trayectoria como deportista, la de reivindicar su disciplina y acercarla al gran público. Por ese motivo impulsa un proyecto, Madrid Marcha, que el próximo 31 de mayo celebra su quinta edición. Sobre las razones para embarcarse en tan ambiciosa empresa, Diego destaca las siguientes: “La primera es que veíamos que la marcha no tenía oportunidades de llegar a la gente. Algo especialmente doloroso en un país como España, donde tenemos grandes campeones desde hace muchísimos años. Nos faltaba un escenario que nos brindara esa visibilidad. La segunda es que soy madrileño y añoraba la sensación de competir en casa. Y la tercera es que, por desgracia, nadie más se lanzaba a hacerlo. Estamos muy contentos de lo que hemos logrado”.
De la mano de esos grandes campeones que mencionaba Diego —Jesús Ángel García Bragado, María Vasco, Valentí Massana, Paquillo Fernández, María Pérez o Álvaro Martín, entre otros—, la marcha se ha convertido en la disciplina, dentro del atletismo, que más medallas ha dado a nuestro olimpismo. Un talento que, quizás, no hayamos valorado lo suficiente. “Donde más se aprecia eso —apunta Diego— es en la falta de más iniciativas como Madrid Marcha. Las medallas son muy importantes, pero los deportistas siempre reclamamos un mayor acompañamiento durante el proceso, no solo cuando se recogen los frutos en una gran competición. Nosotros entrenamos durante todo el año y ahí es cuando echamos de menos estar más arropados. Por eso son fundamentales proyectos como Madrid Marcha y apoyos como el que, en este caso, nos brinda Iberia”.
“Las medallas son muy importantes, pero los deportistas siempre reclamamos un mayor acompañamiento durante el proceso, no solo cuando se recogen los frutos en una gran competición”
El empeño de Diego, que ejerce como director deportivo de Madrid Marcha —aparte de competir cada año—, ha recibido el aplauso de sus compañeros, pero, sobre todo, de ese público al que se propuso conquistar. “La respuesta de los compañeros es excelente. Los mejores atletas del mundo están deseando venir y eso, a nivel organizativo, facilita mucho el trabajo. Es un momento de celebración colectiva y se genera una atmósfera diferente. Es muy emocionante. Pero lo que más nos ha sorprendido es la recepción del público. Cuando posicionas un evento como este en un escenario como la Gran Vía, en el centro de una gran capital como es Madrid, te encuentras a un montón de gente que es la primera vez que asiste a una prueba de marcha en vivo y las reacciones siempre son muy positivas. Agradecemos que la gente nos dé una oportunidad porque sabemos que van a salir encantados. Es una experiencia diferente, perfecta para un domingo en Madrid. Es como vivir unos Juegos a pie de calle y de manera gratuita”.
En el traslado de los mejores marchadores del mundo a Madrid juega un papel clave Iberia. Y Diego lo agradece: “No hay mejor aliado que Iberia. En primer lugar porque organizamos una prueba oro del calendario mundial y necesitamos conectar Madrid con los cinco continentes. Aquí vienen los mejores del mundo. De hecho, este año contamos con la participación del ecuatoriano Jefferson Pérez, la leyenda de la marcha invitada este año”. El vínculo de Diego con la compañía viene de lejos, ya que durante varios años formó parte del Equipo Iberia Talento a bordo, una experiencia inolvidable para él. “Fue un privilegio —rememora Diego—. Sentí su apoyo no solo durante las grandes competiciones, como los Juegos, sino durante todo el proceso, que es algo que los deportistas valoramos muchísimo”. La marcha sigue representada en dicho equipo con otra gran campeona, María Pérez.
La lucha por reivindicar la marcha
El compromiso de Diego con su disciplina no se circunscribe a la celebración de Madrid Marcha. Desde hace años, su lucha también se escenifica en los despachos. “Yo era un atleta muy joven, sin ninguna conexión con el mundo donde se toman las decisiones, pero estaba siendo testigo de una situación que me parecía injusta porque no se estaba valorando a la marcha igual que al resto de disciplinas y llegué a la conclusión de que tenía que pasar a la acción”. Así lo hizo y, gracias a su intervención, la marcha ha dejado de estar en la situación de peligro que nos relataba allá por octubre de 2023. “Durante un periodo la marcha estuvo realmente en peligro. En 2023 estuvimos a punto de salir del programa de Los Ángeles. La realidad es que ahora estamos bastante mejor. Primero porque seguimos en el programa olímpico y, segundo, porque la Federación Internacional de Atletismo (World Athletics) ha recuperado las dos distancias, lo que permite que haya dos perfiles de marchadores y se abra el abanico de posibilidades”. Y lanza un mensaje a todos aquellos que se resignan: “En esta vida no hay imposibles y en nuestra mano está, si nos esforzamos, la posibilidad de motivar un cambio”.
Diego admite que el hecho de que la marcha siempre parezca en entredicho resulta frustrante, tanto para él como para sus compañeros. Pero asegura estar mentalizado: “Es una tarea que vamos a tener que seguir haciendo durante muchos años. Yo estoy convencido de que la marcha merece más y de que tiene más potencial del que se le concede ahora. Cuando estás convencido no es como tener que vender algo en lo que no confías, eso sería mucho más duro. Sabemos que la situación no es la ideal en comparación con otras disciplinas, pero tenemos que ser optimistas. Parecía que íbamos a desaparecer y seguimos aquí. El esfuerzo da sus frutos y por qué no pensar en dejarle a las nuevas generaciones de marchadores un escenario mejor del que nosotros hemos disfrutado”.
“Durante un periodo la marcha estuvo realmente en peligro. En 2023 estuvimos a punto de salir del programa de Los Ángeles. La realidad es que ahora estamos bastante mejor”
Un futuro que, para la marcha española, se dibuja prometedor. Diego, como buen conocedor del mundillo, destaca el talento de los más jóvenes: “El nivel medio ha mejorado si lo comparamos con el de hace unos años. Hemos seguido teniendo grandes campeones, pero a lo mejor no había tanta capilaridad de buenos marchadores por toda España. Se está trabajando bien y los técnicos que han tenido éxito siguen transmitiendo su conocimiento y sacando gente. Pero siempre se puede hacer aún mejor… Nuestra meta debería ser que ningún niño que comience a hacer atletismo en España no tenga la oportunidad de, al menos, probar la marcha. Después, que cada uno elija cuál es su disciplina favorita. Lo que no quiero es que les ocurra como a muchos de nosotros, que inicialmente no tuvimos esa oportunidad”.
Para finalizar, le pedimos a Diego que realice un alegato en favor de la marcha, uno que persuada a todos aquellos que dudan si acercarse a la Gran Vía madrileña. Y él, con su entusiamo habitual, se lanza en tromba: “Para empezar, la marcha es el deporte más antiguo porque consiste en caminar y todos sabemos hacerlo. Eso sí, lo más rápido posible. Además, somos olímpicos desde 1908 y, a día de hoy, somos una de las disciplinas más globales. Casi cualquier persona puede practicarlo y ponerse a competir, solo se necesitan unas zapatillas. Por eso vemos campeones de los cinco continentes. La gente tiene que saber que, en Madrid Marcha, la prueba es más corta de lo que cree: el ganador la terminará en menos de 40 minutos. Vamos más rápido marchando que la mayoría corriendo. Aparte, tenemos que controlar la técnica y el papel de los jueces tiene su dosis de polémica, algo que siempre engancha. Y, para terminar, es un deporte que se practica en la calle y puede servir para promocionar los puntos más atractivos de una ciudad”. Ahí deja Diego una invitación a que otras ciudades abran sus brazos a la marcha.