Andrea Fuentes

Baño de medallas

12 Enero 2026 Por Roberto C. Rascón
Andrea Fuentes
Andrea Fuentes, seleccionadora nacional de natación artística, sueña con el oro en los Juegos de Los Ángeles. © RFEN

La deportista española con más medallas olímpicas de la historia —cuatro, honor que comparte con Mireia Belmonte y Arantxa Sánchez Vicario— quiere seguir engrosando su palmarés. Ahora, como entrenadora. La natación artística española vivió un 2025 espectacular y el baño de medallas ha sido posible, en gran medida, a la nueva seleccionadora: Andrea Fuentes. ¿Su anhelo? El oro en Los Ángeles.

“Yo pensaba que una buena nadadora no podía ser buena entrenadora”. Con el tiempo, la autora de esta frase, Andrea Fuentes (Valls, Tarragona, 1983), se demostró a sí misma lo contrario. Su nombramiento como mejor seleccionadora nacional del año en la última gala del COE (Comité Olímpico Español) es una prueba más. Un galardón que se une al recibido en la XII gala de los Premios Mujeres a Seguir (MAS) —patrocinados por Iberia— en la categoría de Deporte. La cosecha de medallas del equipo español de natación artística en 2025 es uno de sus avales —nueve medallas en el Mundial de Singapur y once en el Europeo de Funchal (Portugal)—, pero no el único. Su liderazgo empoderador, como ella misma lo bautiza, ha conquistado a sus deportistas, que hablan maravillas de ella. “Me gusta crear un círculo de seguridad, que sientan que el equipo es su armadura —explica Andrea—. Y me encanta ese proceso: afrontar retos, abordar problemas, buscar soluciones, ayudarnos y apoyarnos las unas a las otras”. Un método que, antes de regresar a casa, ya le funcionó en Estados Unidos, donde llevó a su selección a la plata en los Juegos de París. El oro olímpico, aquel que no pudo colgarse como nadadora y que aún le falta a la natación artística española, es su gran objetivo. “Voy a por esa medalla. Con toda mi alma. Y sé que llegará, si no es en Los Ángeles será en los siguientes”, afirma Andrea.

“Uso el deporte para enseñar habilidades para la vida que no se aprenden en ningún aula”, reza en tu perfil de Instagram. ¿Qué enseña el deporte que no se aprenda en ningún otro lado?
A hacer posibles cosas que parecen imposibles. El deporte de alto rendimiento saca lo mejor de ti mismo, te ayuda a sobrepasar tus límites y alcanzar tu máximo potencial. Algo que también impulsa el trabajo en equipo, porque juntos podemos hacer aún más. Cuando todos los miembros de un equipo se conocen en profundidad —hasta las entrañas—, pueden explotar juntos sus fortalezas para crear algo único, un espectáculo máximo, que es lo que exige el deporte de élite. La clave está en dignificar la autenticidad de cada uno.

Cuando te retiraste en 2013, ¿te costó mucho echar nuevas raíces y descubrir quién eras más allá del deporte?
Sí, porque los deportistas nos pasamos la vida siguiendo reglas. Nuestro camino está muy marcado. Cuando te retiras tienes 30 años y no es lo mismo romper la cáscara con esa edad que con 18. Tenía calma interna porque soy valiente, soy inteligente, soy humilde y sabía que no me iba a quedar debajo de un puente. Decidí darme tiempo para conocerme fuera del deporte y saber qué quería realmente, qué me apasionaba. No quería empezar a hacer cualquier cosa solo por mantenerme ocupada. Poco a poco me salieron ofertas de entrenadora y notaba que tenía dentro muchos conocimientos que quería compartir. Me encanta mi trabajo, sobre todo la parte de empoderar a mis deportistas y crear un grupo humano.

Ahora que conoces ambos lados, tanto el de deportista como el de entrenadora, ¿con cuál te quedas?
No podría elegir. Hay un tiempo para cada cosa y ambos me apasionan. Si volviera a nacer no cambiaría nada. Ahora estoy encantada y creo que acabaré siendo mejor entrenadora que deportista. Al principio me costó porque era un oficio nuevo para mí y tenía muchas dudas sobre cómo hacer las cosas. También recibí críticas de entrenadores de la vieja escuela… hasta que empecé a ganarlos a todos [risas]. Vieron que mi método funciona. Ahora confío en él y tengo esa seguridad. Ha sido un proceso de crecimiento.

“No quiero ser recordada como alguien que trajo medallas pero provocó horas de terapia, quiero empoderar a mis deportistas y darles alas”

¿Dirías que tu principal función como seleccionadora nacional es dar alas al talento de tus deportistas?
Sí, para mí eso es más importante que ganar medallas. A mis deportistas siempre les digo: “Si te conoces a fondo a ti misma y buscas cómo alcanzar tu mejor versión, las medallas llegarán”. Los seres humanos somos prácticamente iguales, lo que diferencia a los deportistas de élite es el camino que eligen recorrer: el de conocer su cuerpo y romper sus barreras. Muchas veces pensamos solo en las medallas, en hacer historia, y nos olvidamos del trayecto. Es importante ir paso a paso, aunando trabajo e inteligencia. Yo no quiero que alcancen el resultado antes de descubrir el cómo.

¿El liderazgo empoderador que aplicas como seleccionadora surge en respuesta al liderazgo autoritario que viviste como deportista?
Mas bien responde a un cambio generacional… Yo he intentado adaptarme a las nuevas generaciones, interpretando lo que creo que necesitan ahora los deportistas. Los entrenamientos han de captar su atención rápidamente, tienen que ser más atractivos y divertidos; de lo contrario, no vas a sacarles el máximo. Es una generación que ha crecido de forma diferente, también en lo relativo al trato, y ya no aceptan según qué cosas. Además, tampoco quiero liderar de esa manera porque no va conmigo.

“Con Andrea no tenemos miedo a fallar”, declaró Iris Tió tras uno de los últimos campeonatos. ¿Tan importante es cambiar la percepción sobre el error?
En nuestro deporte, si te vas un grado a la derecha durante un segundo ya es un fallo y nuestros ejercicios duran tres minutos. Por tanto, las posibilidades de errar son muy grandes y no hay marcha atrás. Creo que, si piensas mucho en el fallo, la predisposición a cometerlo crece. Siempre les digo que no piensen en las consecuencias, sino en las oportunidades. Ahora estoy en una posición de autoridad y trabajo desde el respeto al deportista. No quiero ser recordada como alguien que trajo medallas pero provocó horas de terapia, quiero empoderar a mis deportistas y darles alas.

“Ya está bastante aceptado que las mujeres hagamos deportes históricamente masculinos, pero aún existe ese tabú entre los hombres”

“Cuando ya estás arriba, subir es mucho más difícil”, aseguraste al coger las riendas de la selección. Tras los éxitos de 2025, ¿hemos tocado techo?
El máximo número de medallas que pueden lograrse en un Mundial de natación artística son once y logramos nueve [tres oros, dos platas y cuatro bronces], así que aún tenemos margen de mejora a nivel resultados. En el Europeo, que se celebró un mes antes, hicimos pleno: once de once [cinco oros, tres platas y tres bronces]. ¿Si no ganamos el oro es un fracaso? Para nada. Lo que les traslado a mis deportistas es que no tienen que compararse con los demás, sino consigo mismas. Si ahora hemos sacado un 9,25 el objetivo es mejorar esa nota. Tenemos que saltar un poco más alto, nadar un poco más rápido, sacar más cuerpo fuera del agua… El margen de mejora es infinito, no hay límites.

Que España se convirtiera en referente de la natación artística a nivel mundial fue un hito, pero más increíble aún es que haya logrado mantenerse. ¿Cuál ha sido la clave?
La clave es que siempre hemos velado porque la siguiente generación se formara con la anterior. Por ejemplo, ahora hemos metido a tres pequeñas para que vayan viendo la forma de trabajar. Aunque no sean titulares ahora, están todos los días y a todas horas con nosotras. Conocen la dinámica del equipo de manera práctica y la transmisión de conocimientos es directa. Esta práctica la inició mi entrenadora, Ana Tarrés.

En los Premios MAS también fue galardonado uno de tus pupilos: Dennis González. ¿Qué valor tiene su figura como pionero y referente de la natación artística masculina?
Y no solo de la natación artística. Dennis representa la lucha del hombre por alcanzar la máxima libertad. Ya está bastante aceptado que las mujeres hagamos deportes históricamente masculinos, pero aún existe ese tabú entre los hombres. Son esclavos de sus propias fronteras sociales. Cada vez hay más niños que quieren hacer deportes tradicionalmente femeninos y se encuentran con esa frontera. La misión de Dennis va más allá de la natación artística, lidera un cambio social. Él lo tiene muy claro y ahora lleva mejor los comentarios homófobos que recibe. Me dice: “Si otros niños ven que no me importan, que incluso me fortalecen, les impulso a seguir su pasión”. Y yo le recuerdo que cuántos más haters tenga mejor, eso significa que está impactando, que está haciendo algo grande. Es la señal de que estás empezando a cambiar las cosas.