Patricia Santos

Semillas de futuro

7 Enero 2026 Por Roberto C. Rascón
Patricia Santos
Patricia Santos ha sido elegida mejor docente de FP en España en tres ocasiones: 2017, 2021 y 2023. © Cedida por MAS

La educadora Patricia Santos, una de las triunfadoras en los Premios Mujeres a Seguir 2025, encontró su lugar en el mundo en las aulas y, desde ahí, ayuda a sus alumnos a encontrar el suyo. Consciente de la dificultad del reto, defiende que su gran objetivo es despertar en ellos el interés por aprender. Una vez sembrada esa semilla, es cuestión de tiempo que germine, eche raíces y les dé alas para labrarse un futuro mejor.

Cuando la malagueña Patricia Santos imparte formaciones a sus compañeros de profesión, les recuerda una frase de Spiderman: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. “Cuando tienes el poder de transformar la vida de alguien, debes cuidar lo que dices. A muchos alumnos se les dice que no sirven para estudiar y no es eso lo que necesitan, necesitan atención, cariño y oportunidades. Además, puedes estar haciendo un mal diagnóstico. Todos conocemos a alguien al que se le dijo que no servía y luego demostró lo contrario”, explica Patricia. Elegida mejor docente de Formación Profesional (FP) en España en tres ocasiones —2017, 2021 y 2023—, sus palabras están cargadas de sabiduría. “La primera vez fue un poco raro porque no me esperaba ganar y, cuando me lo comunicaron, pensé que me estaban timando”, recuerda entre risas. A estos galardones ha sumado este año el recibido en la XII edición de los Premios Mujeres a Seguir (MAS) —patrocinados por Iberia— en la categoría de Educación. Defensora de la FP como una opción tan válida para dar alas al talento como la universidad, Patricia ha convertido el Aprendizaje Basado en Retos (ABR) —una metodología que enfrenta a los alumnos a problemas reales de su entorno y les impulsa a colaborar en busca de soluciones viables— en su gran aliado. Acostumbrada a trabajar en entornos desfavorecidos, también reivindica la escuela como hogar: “Algunos de mis compañeros dicen: ‘Tienen que venir educados de casa’. Pero ¿de qué casa? Muchos proceden de ambientes muy complicados”.

De pequeña querías ser jueza y estudiaste Derecho, pero la docencia se cruzó en tu vida y se quedó para siempre. ¿Qué despertó en ti esa vocación?
Cuando era pequeña ayudaba a estudiar al resto de mis compañeros. Así que siempre tuve tendencia a la enseñanza. En la universidad seguí haciéndolo —mis apuntes estuvieron años rulando por la facultad— y, poco a poco, me di cuenta de que estaba huyendo de lo que realmente me gustaba hacer. En cuarto de carrera una profesora nos invitó a impartir una clase para subir nota y ahí entendí que la educación era mi lugar en el mundo. Di una clase horrible, pero recuerdo que sentí la vocación. Hice el CAP [Certificado de Aptitud Pedagógica] y después me enamoré de la FP. Aun así, el Derecho era un camino que tenía que recorrer. Gracias a ese conocimiento, he podido participar en los grupos de trabajo del Ministerio de Educación para el desarrollo de la nueva Ley de Formación Profesional. Mi objetivo es mejorar la calidad de la enseñanza y la vertiente jurídica juega un papel importante.

Comenzaste dando clases en entornos desfavorecidos y, aún hoy, prefieres trabajar en ellos. ¿La educación es dar alas a quien más las necesita?
Sí, ahora la entiendo así, pero ha sido un proceso. He tenido que construir a la maestra que soy hoy. La primera vez que me enviaron a un CDD [Centro de Difícil Desempeño] no lo elegí. Hice sustituciones en sitios que nadie quería. Comencé dando clases como yo las había recibido —olvidando lo que sentía cuando era estudiante—, hasta que una serie de vivencias me hicieron comprender que no era la maestra que quería ser. Venía de sacar matrículas de honor, pero de poco sirven cuando te pones delante de jóvenes con dificultades. Te demuestran que tan buena no eres. Fue una cura de humildad. Nunca dejaré de dar clase en este tipo de centros porque son un reto, te ponen los pies en el suelo y te recuerdan que tienes que seguir formándote siempre. Muchas veces la comodidad te impide crecer. Además, me genera satisfacción y recibo mucho cariño.

“Venía de sacar matrículas de honor, pero de poco sirven cuando te pones delante de jóvenes con dificultades. Te demuestran que tan buena no eres”

Con la cantidad de distracciones que tienen ahora los alumnos, ¿cómo logras conectar con ellos y despertar su interés?
Cuando quieres escuchar lo primero que tienes que hacer es dejar de oírte a ti misma. Esa es la clave. Los docentes tenemos que empatizar, poniéndonos en el lugar de los alumnos. La realidad que tú conoces no es la misma que viven ellos y tienes que acercarte a sus centros de interés. Conectar con sus realidades, escuchar lo que les gusta y lo que les motiva. Es el punto de partida para que ellos también se interesen por lo que tú les planteas. Hay una distancia grande entre nosotros y ellos, y tenemos que estrecharla para que no parezca que vivimos en mundos diferentes. Para mí, fomentar el interés por aprender es más importante que el propio contenido educativo. Lo fundamental es plantar esa semilla.

En alguna ocasión has mencionado que no todo es idílico y que algunos alumnos escapan a tu influencia. ¿Cómo manejas emocionalmente esos casos?
En uno de mis primeros destinos, recuerdo soltar la tiza y preguntarles a mis alumnos: “¿Es que no queréis aprobar?”. Me respondieron: “A nosotros nos da igual esto”. Entonces les pedí que me contaran ellos cosas y así empezamos a generar un vínculo muy fuerte. Un día, uno me dijo: "Maestra, hemos hablado entre nosotros y hemos decidido que hoy vamos a aprender lo que a ti te apetezca”. Habían llegado a un punto en el que necesitaban agradarme. La dinámica cambió y comenzamos a realizar actividades. Poco después, ese chico faltó a clase y pregunté dónde estaba. Me explicaron que esa noche le habían detenido. Me sentí fatal… Pensé que, de haber llegado antes, podría haberlo evitado. Con el tiempo comprendes que eso escapa a tu control. Mi objetivo es darles oportunidades y cambiar vidas. Con esa ambición es normal que las cosas no salgan a veces, pero eso me sirve para aprender.

Cuando hablamos de innovación no solemos asociarla al mundo de la educación. ¿Se puede ser innovadora en un ámbito tan reglado?
Claro que sí. La innovación va de la mano de la tecnología —aunque no solo— y en educación tenemos la posibilidad de incorporar todos esos avances para optimizar tanto el tiempo en aula como los procesos de aprendizaje. La innovación educativa no es tener un aula futurista llena de gafas de realidad virtual porque, sin una estrategia detrás, se queda en algo vacío. Si no dotas a la tecnología de un sentido pedagógico, esta no se va a implementar adecuadamente en el aula.

“Mi objetivo es darles oportunidades y cambiar vidas. Con esa ambición es normal que las cosas no salgan a veces, pero eso me sirve para aprender”

Los profesores no estáis acostumbrados a los galardones, pero tú eres una excepción. ¿Qué significan para ti?
La realidad es que los mejores premios que tengo son los mensajes que recibo de mis estudiantes. Te lo digo de corazón, me emocionan y cuando me encuentro baja de ánimos suelo leerlos. Tengo una plaquita que me regalaron tras un viaje que hicimos a Nueva York y me encanta lo que pone: “Nos has demostrado que con esfuerzo se puede conseguir cualquier cosa”. Los verdaderos premios están en el aula —ver cómo aprenden, se insertan, logran buenos trabajos…— y los profesores no debemos perder eso de vista.

Durante tu discurso en los Premios MAS aseguraste que “la FP es un lugar para estudiantes con mucho talento que, en demasiadas ocasiones, han tenido que escuchar que no era así”. ¿Hay que reivindicar la FP?
Las clases se ajustan a un modelo clásico donde se premia la memoria. Y no todas las personas tienen ese talento. Cuando una persona no lo tiene, se le dice: “Tú no sirves para estudiar”. Esa frase es incorrecta. No es que no sirva para estudiar, simplemente la memoria no es su talento, pero puede tener otros. Las palabras tienen mucho poder y hay que tener cuidado porque el alumnado recibe ese tipo de mensajes desde pequeño. El efecto Pigmalión [cuando las expectativas que una persona tiene sobre otra influyen en su rendimiento] es muy peligroso. Muchos son derivados a la FP, como si ahí no se estudiara. Tenemos que hacer autocrítica en todas las etapas educativas. Otro pilar importante son las familias, que siguen percibiendo como un fracaso que su hijo estudie FP. Si quieres que vaya a la universidad es porque quieres que tenga un buen trabajo, pero la vida ha cambiado y los caminos para lograr ese objetivo son variados. La FP es uno de ellos.