Audrey Pascual

La estrella de las nieves

16 Abril 2026 Por Roberto C. Rascón
Audrey Pascual
Audrey Pascual se subió al podio en cuatro ocasiones en los Juegos de Invierno celebrados en Milán-Cortina. © CPE

Una bala rosa descendiendo a velocidad de vértigo por las pistas de Cortina d’Ampezzo. Esa imagen quedará en la retina de los amantes del deporte como una de las más icónicas de 2026. Su protagonista: Audrey Pascual. La jovencísima esquiadora paralímpica fue la gran triunfadora en los Juegos de Milán-Cortina (Italia), donde se colgó cuatro medallas: dos oros, una plata y un bronce.

El deporte español tiene una nueva estrella: Audrey Pascual (San Sebastián de los Reyes, Madrid, 2004). En Milán-Cortina, sede de los recientes Paralímpicos de Invierno, subió al podio para colgarse cuatro medallas: dos oros (supergigante y combinada), una plata (descenso) y un bronce (eslalon). ¡Con solo 21 años! Cualquiera sentiría algo de vértigo tras alcanzar semejante hazaña y convertirse en el centro de atención de todo un país, pero la esquiadora está hecha de otra pasta y se muestra “encantada”. De hecho, nos atiende tras recoger el galardón a Mejor Deportista Femenina del año en los Premios al Mérito Deportivo que entrega el ayuntamiento de su ciudad. En Granada, donde entrena, también se han volcado con ella: Sierra Nevada ha bautizado con su nombre la sala dedicada al esquí adaptado, el ayuntamiento le ha concedido la Medalla de Oro al Mérito y su universidad —la UGR— le ha otorgado la distinción Estrella de las Nieves. No serán los últimos reconocimientos para la bala rosa, conocida así por el color de su ya icónico mono-esquí.

Nacida sin tibias por una malformación congénita poco común llamada agenesia bilateral, a los nueve años le amputaron ambas piernas. Desde pequeña, Audrey se propuso hacer —aunque fuera a su manera— lo mismo que los demás y así fue cómo, poco después, el esquí irrumpió en su vida. “Me permite ser totalmente independiente. Cuando esquío puedo ir sola por donde quiera y seguir el ritmo de mi familia y mis amigos. Yo voy más rápido en realidad [risas]. Eso me encanta. Lo que empezó como un hobby pasó a formar parte de mi vida”, asegura. Para que eso ocurriera, el apoyo de sus padres fue clave: “Entendieron que soy como cualquier otra persona, que puedo caerme y levantarme las veces que haga falta. No somos más frágiles que los demás ni nos hacemos más daño. No hay que temer a las caídas”. Sin ir más lejos, una caída en el gigante que nos hizo contener la respiración le impidió traerse cinco medallas. Unos días después, tras un breve paso por el hospital, la esquiadora cerraba su participación con un bronce en eslalon. “El talento es el resultado del esfuerzo y el sacrificio”, afirma una Audrey que es el mejor ejemplo de ello.

¿Cómo llevas haberte convertido en una leyenda del deporte español con solo 21 años?
No puedo estar más contenta, pero también estoy un poco en shock. Es algo con lo que soñaba y que se haya cumplido es una locura. Son años de mucho trabajo, repitiéndome una y otra vez: “Quiero ir a unos Juegos, quiero ir a unos Juegos, quiero ir a unos Juegos”. Los disfruté mucho, algo que también era muy importante para mí, y me fui con una sonrisa de Milán-Cortina.

“Quiero aprovechar el altavoz que tengo ahora para animar a la gente con discapacidad, especialmente a los niños, a probar el esquí adaptado”

¿Y cómo está siendo la vuelta a la rutina?
Aún no he regresado a ella porque sigue siendo una locura, pero estoy deseando volver a ir a clase por las mañanas, al gimnasio por las tardes y pasar los findes con mis amigos, que también es muy importante para mí y durante esta temporada no he tenido casi oportunidades. Estoy muy agradecida por el interés que he despertado y quiero aprovechar el altavoz que tengo ahora para animar a la gente con discapacidad, especialmente a los niños, a probar el esquí adaptado.

Comenzaste a esquiar con 11 años, ¿cuándo te diste cuenta del potencial y el talento que atesorabas?
En mi primera competición internacional me subí al podio y ahí pensé que igual podía ser buena. Más allá de eso, lo que comprendí fue que me encantaba competir y que quería seguir adelante. La Fundación También me apoyó desde el primer momento, así que gracias a ellos seguí compitiendo. Soy muy cabezona y era lo que quería hacer.

Has confesado que tu relación con el esquí no fue un amor a primera vista. ¿Por qué?
La primera vez no me gustó demasiado porque sentí que iba a depender de la ayuda de otra persona. También es verdad que era mi primer día y no tenía ni idea de esquiar. Iba muy lento, me sentía como un paquete al que llevaban de un lado a otro. A mí me gusta la velocidad, sentir esa libertad, esa adrenalina, y en ese momento el esquí no me lo dio. Cuando volví a casa mi madre me dijo que no perdía nada por darle una segunda oportunidad. La siguiente vez me tocó otro profesor, uno que entendió mejor esa inquietud que tenía yo. Me soltó para que esquiara sola y comencé a caerme; tocar el suelo, levantarme y volver a intentarlo me dio más vidilla. ¡Me encantó!

Cuando desciendes a más de 100 km/h por la ladera de una montaña, ¿qué pasa por tu cabeza?
Vas tan rápido que, realmente, no pasa nada. Tienes que mantener la cabeza fría y estar concentrada en lo que tienes que hacer, no te puedes parar a pensar porque en el esquí tienes que fluir. Es instintivo, de hecho, se trabaja que sea algo que te salga solo —ir con el estado de flow lo llamamos—. Si la cabeza empieza a dar vueltas, nada sale bien.

“Conocía a gente con discapacidad, pero nunca tuve un referente. Mis referentes, entre comillas, fueron mis primas y mis amigas porque quería hacer lo mismo que ellas”

Desde pequeña buscaste otras formas de hacer lo mismo que los demás. ¿No decirte nunca que no a ti misma es una de las claves de tu éxito?
Como te decía, siempre he sido muy cabezona y eso es lo que me ha llevado donde estoy ahora. Conocía a gente con discapacidad, pero nunca tuve un referente. Mis referentes, entre comillas, fueron mis primas y mis amigas porque quería hacer lo mismo que ellas. Por ejemplo, cuando mis amigas se tiraban con el monopatín por las cuestas de mi urbanización, yo, en vez de tirarme de pie, me tiraba sentada. Siempre he buscado mi propia forma de hacer las cosas. De pequeña no tenía miedo a nada, ahora tengo un poco más de cabeza. Me gusta ir muy rápido y sentir el corazón a mil… Es algo que llevo dentro. Por eso también me encanta el surf.

La delegación española en Milán-Cortina era muy joven y los expertos señalan que posee un futuro brillante. Como abanderada suya que fuiste, ¿coincides en que vais sobrados de talento?
Sí. Hemos ido con un equipo muy joven, algo que no estaba previsto porque hubo quien se clasificó en el último momento. En los próximos Juegos iremos con un equipo aún más fuerte. Necesitábamos impulsar la presencia de mujeres y lo hemos logrado. No estuvimos todos juntos en la misma villa porque había distintas sedes, pero aun así hicimos piña, nos apoyamos y lo pasamos muy bien.

El surf, como decías, es tu otra gran pasión. Si ese deporte entrara en el programa de los Paralímpicos de Verano, ¿te verías compitiendo?
¡Claro que sí! De hecho, de cara al verano ya he aparcado un poco el esquí. Seguiré entrenando en el gimnasio, pero quiero centrarme en el surf porque me encanta. Ojalá pueda clasificarme para el Mundial de este año. Y si entrara en el programa de los Juegos de Verano me encantaría estar allí.