Mariana Rondón & Marité Ugás
La urgencia de contar
Con ‘Aún es de noche en Caracas’, la venezolana Mariana Rondón y la peruana Marité Ugás han logrado tres nominaciones en los Platino 2026, incluida la de mejor película. Un reconocimiento que celebran, sobre todo, por la visibilidad que le otorga al pueblo venezolano, simbolizado en este caso por un personaje femenino, el de Adelaida, que lucha por sobrevivir durante la ola de protestas y represión de 2017.
Las cineastas Marité Ugás (Lima, Perú, 1963) y Mariana Rondón (Barquisimeto, Venezuela, 1966) comparten una pasión, la de contar sus propias historias a través de una pantalla. Algo que llevan décadas haciendo con su productora, Sudaca Films. Su método se basa en el diálogo constante y, en alguna ocasión, se han definido como una sola voz dividida en dos cuerpos. Cuando una escribe y dirige, la otra produce. Un sistema de alternancia cómplice que han roto en su última película, Aún es de noche en Caracas. La urgencia del proyecto, surgido al margen de su productora, les llevó a asumir una codirección y el resultado no ha podido ser mejor, como prueban las tres nominaciones en los Platino 2026 —patrocinados por Iberia—: mejor película, mejor actriz (Natalia Reyes) y mejor actor secundario (Edgar Ramírez). Marité y Mariana, que nos atienden por videollamada desde Nueva York unos días antes de la gala, se muestran orgullosas de la acogida que está teniendo la película, especialmente en Venezuela. Ajena al desarraigo, Mariana destaca la necesidad de plasmar la realidad de su país y, sobre todo, la de sus compatriotas. De la mano de Adelaida, la protagonista de este escalofriante thriller, nos adentramos en la Caracas de 2017, una ciudad en estado de agitación donde las protestas callejeras conviven con una durísima represión.
¿Qué os llamó la atención de la novela de Karina Sainz Borgo (La hija de la española) para lanzaros a su adaptación?
Mariana Rondón (M.R). Yo recuerdo leer la novela con mucha emoción, con la emoción de estar reviviendo por primera vez sensaciones y experiencias propias en un texto escrito.
Marité Ugás (M.U). Inmediatamente imaginamos contarla desde el thriller, desde un estado de agitación que no bajara el ritmo en ningún momento, pero sin perder la distancia con ese discurso íntimo muy femenino.
Lleváis años poniendo vuestro talento en común a través de Sudaca Films, pero no codirigíais una película desde vuestro debut en 1999. ¿Por qué esta vez sí?
M.U. Nuestra primera película, A la media noche y media, la hicimos juntas por ignorancia [risas]. Como en toda ópera prima, quisimos contarlo todo. Después decidimos que cada una necesitaba hallar su propia voz. Optamos entonces por un sistema de alternancia. En cualquier caso, ambas estamos siempre sumergidas en los proyectos. En el caso de Aún es de noche en Caracas, la codirección se debió a la urgencia por contar esa historia. Estábamos inmersas en Zafari, la última producción de Sudaca Films, cuando nos llegó la opción de hacerla y decidimos averiguar cómo nos iba con el reto de volver a dirigir juntas.
M.R. Sí, la urgencia fue, sobre todo, por la necesidad de que esta película llegara a los venezolanos, que no han tenido muchas posibilidades de ver su historia reflejada en pantalla. El mundo entero está ahora en contacto con venezolanos porque la diáspora es de 9,2 millones de personas. La urgencia es cómo explicarnos a nosotros mismos y cómo explicarles a los demás lo que nos ha ocurrido. Ojo, siendo una ficción, no un documental. El thriller transmite ese estado de ansiedad y de sorpresa, la dureza de enfrentarse a un estado totalitario. Creemos que su importancia radica en que no se limita a la experiencia venezolana, sino que puede extrapolarse al resto del mundo por la debilidad de las democracias actuales.
“La urgencia fue, sobre todo, por la necesidad de que esta película llegara a los venezolanos, que no han tenido muchas posibilidades de ver su historia reflejada en pantalla”
‘Aún es de noche en Caracas’ obtuvo tres nominaciones en los Platino 2026: película, actriz (Natalia Reyes) y actor secundario (Edgar Ramírez). © Cortesía de EGEDA
La película se rodó en México. ¿Cómo es retratar Venezuela desde el exilio? ¿Qué perspectiva ofrece la distancia?
M.R. Creo que la estamos retratando antes del debido momento. Estos procesos históricos tan complejos requieren de tiempo para poderlos procesar. Pero, como decía Marité, está la urgencia de hablar de lo que nos ha pasado y México fue una plataforma perfecta. Perfecta, sobre todo, porque cuando hablamos con la productora dijimos: "Necesitamos tener a muchos venezolanos en la película”. No podíamos hacerla sin ellos y resulta que México está llena de compatriotas. ¡Hasta el último extra es venezolano! Lograr que una ciudad mexicana se asemejara a Caracas fue increíble, hubo un extraordinario trabajo de dirección de arte para entender su luz, su arquitectura, sus espacios físicos…
M.U. Sí, todo el mundo se abocó a eso, a contar el exilio desde el exilio. Necesitábamos un lugar que fuera verosímil. Fue muy bonito.
M.R. Por momentos, la sensación era que realmente estábamos en Caracas. Todos los jóvenes que aparecen en las escenas donde reproducimos las protestas eran venezolanos. Marité siempre cuenta que, cuando gritábamos “¡corten!”, ellos no se detenían porque estaban reproduciendo su propia vida. Muchos habían participado en esas manifestaciones y habían huido de Venezuela después.
M.U. Se estaban representando a sí mismos en esas noches de locura y la adrenalina se les disparaba… No soltaban, no soltaban. La producción tuvo que activar una línea de ayuda psicológica para ellos porque los estábamos metiendo en una espiral de recuerdos dolorosos.
Aún es de noche en Caracas se presentó en el Festival de Venecia. ¿Cómo está siendo la acogida? ¿Se está viendo en Venezuela?
M.R. La estrenamos en salas de toda Latinoamérica salvo en Venezuela, pero sí se está viendo en mi país. Un mes después del estreno en cines salió en Netflix Latinoamérica y en Venezuela estuvo un tiempo en primer lugar. Ahora estamos haciendo una gira de festivales por Estados Unidos —antes hicimos otra por Europa— y estamos yendo de salas llenas en salas llenas. Vienen personas de los lugares que visitamos, pero también muchísimos venezolanos y está siendo muy emocionante.
‘Aún es de noche en Caracas’ es un thriller que retrata las protestas sociales vividas en la capital venezolana durante 2017. © Cortesía de EGEDA
Los Platino se han convertido en el gran escaparate del cine iberoamericano. ¿Qué significa para vosotras la nominación a mejor película?
M.U. La nominación da visibilidad a la película y eso es justamente lo que nos interesa, que sea vista por la mayor cantidad de gente posible. Cuanto más se promocione, más gente seguirá buscándola en la plataforma. Además, es un gran escaparate para su próximo estreno en salas en España.
M.R. Aún es de noche en Caracas no ha podido participar en premios que dependan de la nacionalidad. En el caso venezolano, la nacionalidad de las películas la otorga el estado y, evidentemente, la trama de la nuestra no gustó. No la recibimos y por eso no pudimos estar en los Goya o los Óscar. La película era la representante de la academia venezolana para los premios internacionales, pero no pasó la censura.
M.U. Los Platino son los únicos premios donde no llega esa presión censora.
“Me parece importante que, como comunidad cinematográfica, tengamos un espacio tan relevante como los Platino, que sepan que estamos ahí y podemos lograr grandes audiencias”
¿Creéis que los Platino ayudan a potenciar el audiovisual iberoamericano?
M.R. Me parece importante que, como comunidad cinematográfica, tengamos un espacio tan relevante como los Platino, que sepan que estamos ahí y podemos lograr grandes audiencias. Esto es importante de cara a los inversores. Los Platino pueden convertirse, incluso, en una plataforma para que las academias sean más independientes de los estados, que sean poderosas y puedan defenderse. Porque los estados van a seguir existiendo y van a seguir haciendo lo que no deben en relación al arte y la libertad de expresión.
Hay mucho talento en el cine iberoamericano. ¿En quiénes deberíamos fijarnos?
M.R. Lo bueno del cine es que no para porque la gente tiene la necesidad de contar. Es fascinante cómo nos reinventamos todo el tiempo. Estaba leyendo ahora sobre el cine joven argentino, que se está haciendo sin dinero, y lo bien que están saliendo las películas. También destacaría el cine venezolano que se está haciendo fuera de Venezuela.
M.U. El cine venezolano de la diáspora es interesantísimo.
M.R. Se están haciendo películas venezolanas en Italia, en Estados Unidos, en Chile, en todas partes. El cine documental peruano también está haciendo cosas extraordinarias. Y, en este momento, las directoras españolas están realizando el mejor cine. Es el renacer del cine español.